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Vivencias

Región Nuestra Señora de Guadalupe

Del 4 al 6 de febrero la comunidad Guancasco de Santa Bárbara CND, Cristina Castellanos Berbena, Cruz Idalia Nieto Molina y Bertha Lilian Barrera Ramírez tuvieron una enriquecedora experiencia de Visitación junto con las hermanas Pedrina Barrera y María Luisa Hernández, Franciscanas de la Inmaculada Concepción, María Isabel López Guardado, Misionera Cruzada de la Iglesia, Rosa Isela Rodríguez Hernández y Marcela Cundafé Cruz, Terciarias Capuchinas de la Sagrada Familia, dos jóvenes que habían visitado San José de Oriente recién pasada la emergencia por las inundaciones y una joven del Consejo de pastoral juvenil.

Se visitaron los barrios Gracias a Dios, La soledad, Los Anises, Río Hondo y las aldeas de San José de Oriente y La Huerta (El Zapote).

A continuación, el compartir de algunas compañeras que con gusto han escrito algo sobre esta vivencia. 


Experiencia en el Barrio “Gracias a Dios” Santa Bárbara, Honduras

Hace algunos días visité un sector muy afectado por los huracanas Eta e Iota. Este lugar se llama “Barrio Gracias a Dios” de Santa Bárbara. Me acompañó la hermana Lilian Barrera Ramírez y la joven Keydi Peña. Llegamos al lugar que parecía solo e inhabitable. Había casas destruidas, otras con daños muy severos, debajo de nuestros pies restos de lo que un día fue una vivienda. Vimos pequeñas casas construidas improvisadamente. Al parecer hace cinco años una falla del terreno provocó serios daños a las casas, pero con los huracanes Eta e Iota el daño se agudizó aún más.

Nos dimos cuenta de la desolación y la pobreza en la que se encuentran varias familias que se quedaron viviendo allí. A pesar de que sus viviendas fueron dañadas en un 100 % y que el lugar no es habitable, la gente se quedó porque no tienen otro lugar donde ir. Las autoridades locales no les han dado respuestas para ubicarlas en un lugar seguro, solo hay promesas sin cumplir de que un día tendrán una casa en otro lugar… Pero pasa el tiempo y nada sucede.

Conocimos a doña Martha y su familia, personas que se quedaron viviendo en esa zona, la más afectada. Ella nos llevó a hacer un recorrido por su casa o mejor dicho lo que fue su casa. Ella construyó una casita improvisada debajo de los escombros. Nos dijo con lágrimas en sus ojos “Miren allá en el fondo del deslave quedaron mis trastes de cocina y mi baño, mire lo que quedó de la casa casi nada. Lo perdimos todo. No tengo a donde ir”…

Doña Martha nos relató cómo sucedió todo: “Hace cinco años sufrimos daños por una falla del terreno que pasa por mi casa, pero nos quedamos viviendo aquí porque las autoridades municipales no nos resolvieron nada, no hubo ninguna ayuda. Con el huracán Eta el cerro se vino abajo. Ese día escuchamos un fuerte sonido y un temblor, de repente la tierra se vino abajo llevándose todo a su paso. Nosotros logramos escapar, ahora estamos aquí contando esta desgracia”.

Así como doña Martha y su familia, también otras familias del sector perdieron sus casas y sus pertenencias. Ellas han seguido con sus vidas con el trabajo humilde y sencillo del cual obtienen sus ingresos. Le preguntamos qué hacían para sobrevivir y una señora nos dijo: “Yo soy barrendera, limpio las calles de la ciudad. Algunas mujeres hacen tortillas para vender, otras venden en las calles”. La familia de doña Martha trabaja el junco haciendo sombreros, canastas y otros productos que venden en el centro de Santa Bárbara.

La zozobra e incertidumbre son el pan diario de estas familias. Tienen miedo de que las lluvias y la falla les arrebate sus vidas y sus pertenencias. También viven con la esperanza de que alguien les ayude a encontrar un lugar digno donde vivir. Les ofrecimos algunos víveres donados por diferentes personas. Sus rostros brillaban de alegría al saber que hay personas que se acuerdan de ellos y ellas, que hay solidaridad y que han sido tomadas en cuenta.

También encontramos personas enfermas. Justo ese día que llegamos, una mujer joven que había dado a luz hace 15 días estaba en un estado de depresión postparto y había ingerido pastillas para suicidarse, pero no lo logró. Había quedado bajo los efectos de los medicamentos y necesitaba ayuda médica de inmediato. Llamamos a la ambulancia del hospital y la de la municipalidad. Al no tener respuesta, marcamos al 911 con la esperanza de tener la ayuda para la emergencia, pero tampoco recibimos respuesta. Así que nosotras mismas la llevamos a emergencias para que fuera atendida.

Estas realidades fueron muy difíciles y dolorosas de tocar. Se necesita mucha fuerza y valor para dar palabras de esperanza y consuelo. Lo que siempre impacta e indigna es el anonimato y olvido en la que se encuentran estas personas, tanto de la población como de las autoridades locales. Están olvidadas, con la remota posibilidad de recibir la ayuda y atención a sus necesidades más básicas, como ser alimento y una vivienda segura. 

Atentamente: Idalia Nieto, CND


Experiencia en las aldeas “San José de Oriente y El Zapote” Santa Bárbara, Honduras

El sábado 6 de febrero de 2021, visitamos las aldeas de San José de Oriente y la Huerta (El Zapote). Ambas aldeas fueron golpeadas por los huracanes a finales del año pasado. Fueron más de ocho horas de recorrido y el poder contemplar la armonía y belleza de la naturaleza hace pensar como en cuestión de un momento todo puede desaparecer. Al recorrer con el carro los caminos pudimos ver cómo han trabajado con máquinas para quitar las piedras, la tierra y los árboles que obstaculizaban el camino. ¿Cómo hizo la gente para salir en la tragedia porque no hay otro paso? El espíritu es creativo y nos cuentan que entre todos iban apartando escombros para seguir el camino… Es increíble pues en medio de tanto dolor que han vivido los pobladores de estas montañas la capacidad de resiliencia se hace evidente en todas estas personas que han perdido todos sus bienes materiales y más duro aún sus seres queridos. Aun así la luz de su mirada no se apaga porque está acuñada en la fe. Tienen la capacidad de sonreír y mantener la esperanza de un mañana.

Ante la magnitud de la destrucción que se observa se siente la pequeñez y vulnerabilidad de lo que somos, pero nace la esperanza al escuchar los testimonios y sobre todo cuando se logra contemplar el abandono confiado en las manos de Dios. No ha faltado la Divina Providencia que se sigue derrochando en la generosidad de aquellas y aquellos que dan sin esperar recibir nada. En la primera aldea de San José de Oriente nos tenían preparado el almuerzo, doña Isabel y su familia nos hizo un delicioso caldo de pollo. Esta señora precisamente es una de las que perdió 5 de sus familiares, experiencia traumática que ha llevado todo un proceso de aceptación y acompañamiento por parte de las hermanas que están asistiendo este lugar.

Hablamos con tres vecinos que están levantando los cimientos de sus casas con ayudas de un extranjero. Al escuchar su testimonio frente a la avalancha que arrasó a su paso todo lo que estaba en su camino, realmente es un milagro que estén con vida. Compartimos bolsas con alimentos y artículos de aseo personal con aquellos que fueron más afectados. Caminamos por la aldea y con todos los que encontramos en el camino nos detuvimos y escuchamos su experiencia. Nos mostraron las señas que han marcado árboles y casas hasta donde subió el nivel del agua. En este lugar fue donde más oportunidad tuvimos para relacionarnos con este pueblo sencillo y trabajador. Y en la aldea La Huerta (El Zapote) fuimos a visitar los albergues, pero ya las personas no estaban, se habían regresado con vecinos o familiares… hay que volver a empezar, la vida continúa. Logramos reunirnos con la pastora y ella nos habló del lugar donde estaban los demás y en cuestión de minutos nos rodearon muchas personas. También aquí repartimos alimentos y hablamos un ratito con la gente que estaba cerca. Continuamos el camino y todavía logramos dar otras bolsas a otro grupo de personas, dentro de ellas recolectoras de café que corrieron para alcanzarnos confiadas de llevar algo a la mesa de su familia. Se notaba su alegría y en sus manos se observaba que ya habían terminado un día más de corte de café.

Ya eran más de las 6 de la tarde cuando desde lo alto de la sierra pudimos contemplar el río Ulúa y el recorrido normal que hace. El atardecer de un paisaje hermoso que evoca la necesidad de respirar el aire fresco y la presencia serena de Dios. Agradecemos al Señor esta oportunidad de estrechar lazos de cercanía y amistad, de sentir la hospitalidad y la sonrisa sincera de compartir un mismo ideal “hacer posible que Dios sea conocido y amado aún en las pruebas más grandes que te pueda presentar la vida”. Volvemos a confirmar que nuestra gente nos enseña mucho porque viven a Dios en todo lo que les acontece, ellas siempre nos renuevan y evangelizan.

Atentamente: Marcela Cundafé Cruz y Rosa Isela Rodríguez Hernández, Hermanas Terciarias Capuchinas de la Sagrada Familia


Hemos contemplado el rostro de Dios

Fue una experiencia muy enriquecedora ver a las personas que aún en medio de tanto sufrimiento están realizando todos los esfuerzos por salir adelante. No se han quedado de brazos cruzados, sino que en medio de la pobreza luchan por su vida, la de sus hijos y por sus bienes. Realmente se ve el rostro de Dios en la sonrisa de los niños y las personas que con mucha esperanza se están levantando y poco a poco superan lo material, que a la vez dan gracias a Dios porque no perdieron la vida.

La presencia religiosa fue muy importante para ellos. Ellos se sienten bendecidos por Dios, y sintieron que siempre los íbamos a tener presente en nuestras oraciones…

Agradecemos a Dios y a la CONFEREH por la invitación a colaborar dando de nuestro tiempo para llegar a los preferidos de Dios. También agradecemos la acogida fraterna que nos dieron nuestras hermanas de Notre-Dame, y el personal que colabora con ellas. Realmente nos sentimos en familia por su amabilidad, entrega y servicio, así como con las jóvenes que fueran protagonistas para llegar también a esas personas.

Admiramos a la hermana Lilian por el liderazgo con el que ejecuta la pastoral social llevando esperanza, alegría y deseos de seguir adelante a tantas personas que lo necesitan.

Pedrina Barrera y María Luisa Hernández, Hermanas Franciscanas de la Inmaculada Concepción


Entrega de alimentos a los damnificados de Santa Bárbara

El jueves 4 de febrero 2021, dos de las hermanas Franciscanas de la Inmaculada Concepción, la hermana Pedrina Barrera, María Luisa Hernández y María Isabel de la Congregación de Misioneras Cruzadas de la Iglesia en nombre de la directiva de CONFEREH, visitamos esta zona permaneciendo tres días para la visita y entrega de los alimentos a las aldeas más afectadas.

Conociendo la gravedad de los deslizamientos en este departamento nos dispusimos para hacernos presentes como vida religiosa consagrada de Honduras y es así como a través de las hermanas de Notre-Dame nos pusimos en contacto con ellas. Se decidió apoyar con 60,000 lempiras para comprar lo necesario y más urgente.

A inicios de la semana se hicieron las comparas y se empezó a empacar. Continuamos haciendo paquetes el día de nuestra llegada y a la vez ese mismo día por la tarde se hizo entrega a 66 familias en el barrio Gracias a Dios y La Soledad, aledañas al centro de la ciudad, en el cual muchas familias fueron gravemente afectadas perdiendo en totalidad sus viviendas.

El 5 de febrero visitamos cuatro comunidades en San José de Oriente, San Luis los Planes, El Zapote y La Huerta. Esta vez nos acompañaron las Hermanas Terciarias Capuchinas.

En San José hubo aproximadamente 30 familias que perdieron sus casas y algunos de ellos miembros de sus familias. Esta situación los hace muy sensibles, tristes ante las pérdidas irreparables.

Estas comunidades son totalmente abandonadas por las autoridades competentes del lugar, ellos necesitan urgentemente de un terreno donde puedan ir construyendo sus viviendas. Los sus lugares donde residen tienen fallas geológicas, comprobadas por estudios realizados en la zona.

Las autoridades municipales les dicen que compren un terreno, sin embargo esto está fuera del alcance de las personas, ya que no cuentan con los recursos económicos. Ellos viven en la extrema pobreza y los políticos aprovechan este tiempo de campaña para prometerles ayuda, que en la realidad es solamente para obtener el voto sin cumplir lo prometido.

María Isabel López Guardado, Hermana Misionera Cruzada de la Iglesia

Directiva de CONFERH


Jóvenes al servicio del Reino


¡Magníficat!

¡Mi corazón canta agradecido por las maravillas del Señor! Estoy feliz de haber encontrado a la señora María Isabel Méndez muy contenta y bastante recuperada después de varias terapias que se le han realizado en Casa Santa Margarita. Ella llegó el 25 de noviembre de 2020 remitida por una amiga de una de sus hermanas. Ella estaba en una depresión severa después de haber perdido a 7 miembros de su familia: a su esposo, una hija, un hijo, 2 nietas, esposa de un sobrino y su bebé de un mes. El día de la visita a su comunidad fue ella quien sirvió de guía y en casa de su hija Gaby nos esperaba con un delicioso almuerzo “Caldo de gallina de casa”. No cabe duda de que el Señor hace milagros y nosotras como comunidad somos testigos de ello.

Antes de recibirla en noviembre recuerdo que pedí oración al equipo de casa Santa Margarita ya que íbamos a encontrar a esta señora. Ante situaciones como estas, donde el corazón se quebranta, necesitamos sentirnos apoyadas por otras y otros. Hoy puedo decir que hemos sentido como equipo esa fuerza y energía de la Ruah Divina que nos ha acompañado e iluminado desde la fuerza de la oración… para ir acompañando a María Isabel Méndez y a otras personas en situaciones similares.

Sigamos pues manteniéndonos unidas y unidos desde la oración enviándonos energías positivas mutuamente.  

Con cariño Bertha Lilian Barrera Ramírez, CND

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