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Presencia en la Periferia

Hermana Cécile Buote, CND y Falie, CND

Claramente, la pandemia COVID-19 está haciendo más compleja nuestra crisis sociopolítica.

Desde noviembre de 2016, hemos estado sufriendo la inestabilidad e incertidumbre de nuestro futuro, especialmente el de nuestros niños de edad escolar. De hecho, desde la primera huelga general en noviembre de 2016, nuestras escuelas han tenido que permanecer cerradas. Las familias que tienen los medios o las que tienen parientes en las regiones francesas del país han registrado a sus hijos en escuelas bilingües. Por razones de seguridad, casi todos los empleados públicos de nuestra región también se han mudado – aproximadamente 60 % de nuestra población.

Las familias que se han quedado son aquellas que se ganan la vida día a día dirigiendo pequeños negocios, vendiendo beignets a los niños de las escuelas, vendiendo los productos de sus granjas, trabajando como mecánicos del barrio, dirigiendo pequeños restaurantes en el área y otros medios que les permite tener una vida sencilla pero respetable.

No hace falta decir, que la crisis sociopolítica afecta a TODO el país. Durante muchos días y meses, hemos estado viviendo en una Ville Morte, pueblo fantasma, donde no hay movimiento, no hay comercio y no circula el dinero.

Nuestros hospitales han permanecido abiertos pero reciben pocos pacientes por la falta de dinero. Incluso los funerales de nuestros seres queridos, un rito sagrado, no pueden llevarse a cabo debido a la inseguridad causada por el conflicto armado. ¿Qué pasa con la juventud ociosa en casa o en el pueblo?, ¿con las familias cuyos miembros han muerto violentamente?, ¿las casas quemadas o destruidas durante la crisis?

Antes de la pandemia del COVID-19, a través del ministerio pastoral y de la Oficina de justicia y paz, estábamos disponibles a todas las personas en duelo: asistíamos a la misa diaria de las 6:00 a.m., colaborábamos con las ONG llevando ayuda a los pueblos y ofreciendo alimentos básicos a las familias, llevando la comunión a los enfermos, continuando con el apostolado de la familia y saludando a las personas en nuestro camino.

Aunque el COVID-91 nos ha frenado, muchos países han probado que el confinamiento es la mejor manera de luchar contra la pandemia. Desafortunadamente, las políticas socioeconómicas de Camerún hacen difícil implementar efectivamente esta estrategia. Los beneficios de desempleo no existen y el gobierno no puede ofrecer canastas básicas a la mayoría de la población, incluida la diócesis de Kumbo, que vive del sector informal, especialmente aquellos que en su mayoría subsisten de negocios pequeños. Esta es una de las razones por la que, a diferencia de los demás países africanos y europeos, el confinamiento no se cumple estrictamente.

Aparte de la cloroquina, que ya está siendo usada por algunos doctores, se ha anunciado oficialmente que el reverendo Samuel Kléda, arzobispo de Kumbo y un médico naturista, han encontrado un medicamente que alivia a los pacientes que sufren del COVID-19. Rezamos para que este tratamiento sea efectivo y reconocido oficialmente como un producto viable. La verdad es que desde un punto de vista socioeconómico, Camerún no está preparada para enfrentar el COVID-19. (Para más detalles, vea el mini proyecto de Falie y de sus colegas).

Otro asunto que le preocupa a Falie y sus colegas es llevar ayuda a las muchas personas de la diócesis de Kumbo que sufren traumas. Puede encontrar más detalles en el extracto del proyecto que reflexionan actualmente.

Durante estos tiempos difíciles, nos enfocamos intencionalmente en la calidad de nuestra presencia, nuestra escucha y nuestra compasión. Para poder reducir el estrés en que vivimos, hemos abierto una clase de música y construido un campo deportivo. Todas las personas están invitadas: mujeres, hombres, jóvenes, niños, religiosos y religiosas, y sacerdotes.

¡La temporada de lluvia ha llegado! Las semillas han sido sembradas y la tierra comienza a germinar y a crecer. Todos los nuevos brotes de maíz, frijoles, malanga, camote, plátano, etc. renueva nuestra esperanza que abra días mejores. El sol ¡está radiante! cuando sale a las 5:45 a.m.

 

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