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Tercer Domingo de Adviento 2018

Frances MacDougall, CND

«¿Qué debemos hacer?» Esta era la pregunta que todos – los que se bautizaban, los recaudadores de impuestos, los soldados, etc. – le hacían a Juan el Bautista. Él causó una impresión tan profunda en las personas que se corrió la voz de que él podría ser el Mesías. Él les aseguró que no era el Mesías. Se sentían atraídos por él por la manera tan sincera en que vivía su vida y su misión.

Reflexione sobre aquellas personas a quienes acude en momentos difíciles. De gracias por la presencia de ellas en su vida.

La respuesta de Juan el Bautista a la pregunta «¿Qué debemos hacer?» fue sencilla. Regala todo lo que no necesitas a alguien que lo necesite. El llamado es mucho más claro hoy cuando estamos tan atrapados en el consumismo y tan preocupados por respetar nuestra "casa común". Sin embargo, sabemos por experiencia que necesitamos una gracia especial para responder a esta llamada. ¿Tenemos el valor de pedir esta gracia? ¿La gracia de regalar el exceso en nuestras vidas para que otros puedan tener todo lo que necesitan para vivir y para que podamos estar más profundamente "enraizadas en Jesucristo"?

El otro tema de las lecturas de hoy es la Alegría. Estamos invitadas a «gritar de contento y de alegría» y a «estar siempre alegres en el Señor». Todas las familias se alegran mientras se preparan para la llegada de un nuevo bebé. Tanto Juan el Bautista como Pablo tenían un fuerte sentido de la cercanía de Dios.

Hoy en día muchas personas viven en centros de cuidados. Para algunas, debido a sus limitaciones, vivir con alegría es un desafío.  Mi amiga, Theresa, que tiene poco más de cincuenta años, es ciega y tiene esclerosis muscular, vive en un centro de cuidados donde le resulta difícil mantener la moral de algunos de sus compañeros. Ella dice que pasa el día «tratando de ser una buena compañía para aquellas personas que no son una buena compañía para ellas mismas».

Este tiempo de Adviento, acerquémonos a aquellas personas en las periferias que no «son buena compañía para ellas mismas». Pidamos la gracia de llevar alegría a sus vidas. Entonces la ALEGRÍA, que es el eco de la vida de Dios en nosotras, ¡resonará alrededor del mundo!

 

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