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Marguerite Bourgeoys y el Respeto de la Creación

En la Biblia, en el Libro de Génesis, está escrito que en el sexto día de la creación Dios vio que todo cuanto había hecho era muy bueno (Gén 1:31).

También podemos decir que, ciertamente, fue, y todavía es, muy bueno. El astronauta Edgar Mitchell se expresó de esta manera cuando vio la Tierra desde el espacio:

De repente, por detrás del borde de la Luna, lentamente, en largos momentos de inmensa majestuosidad, allí emerge una reluciente joya azul y blanca, una brillante y delicada esfera de color azul celeste cubierta por blancos velos que giran lentamente, elevándose gradualmente como una pequeña perla en un profundo mar de negro misterio. Se tarda un instante en comprender totalmente que es la Tierra … nuestro hogar.

En el segundo relato de la creación en el Libro de Génesis leemos: Dios tomó al hombre y lo puso en el jardín del Edén para que lo cultivara y lo cuidara (Gén 2:15).

En la homilía del 19 de marzo de 2013 el papa Francisco reflexionaba que la vocación de custodiar nos corresponde a todos. Es el hecho de custodiar toda la creación, la belleza de la creación, como se nos dice en el libro del Génesis… es tener respeto por todas las criaturas de Dios y por el entorno en el que vivimos.

Por medio de esta harmonía y balance, la Creación, que ha sido confiada a la protección de los seres humanos, tiene ella misma mucho que enseñarnos: la harmonía de colores y formas, de luz y sombra; el balance en la secuencia de los días y de las estaciones; el ritmo de las plantas que crecen y de los animales que nacen; la procreación de los seres humanos.

Humanidad, Protectora de la Creación

En la fe, nuestro planeta Tierra es visto como el Jardín de Dios. Los seres humanos son sus jardineros y son responsables ante Dios. Un verdadero jardinero ama su jardín y no deja de mejorarlo (…) El mandato del Creador, de proteger su jardín, involucra toda la humanidad a través de toda la historia.

En la fe, nuestro planeta Tierra es visto como el Jardín de Dios.

Dios confía su Creación a los seres humanos, como un depósito; no para destruirla ni abusar de ella, sino para que podamos ejercer sobre ella un dominio que nos permita alimentarnos, vestirnos y albergarnos. Poco a poco, los biblistas desarrollaron la idea de administrador. Nosotros somos peregrinos y administradores en esta tierra. Todo lo que ha sido creado no es propiedad de los seres humanos. Por el contrario, la Creación fue creada para nuestro uso, ha sido destinada para compartir.

A su vez, esta ética de administración ha evolucionado. Hoy en día, aunque no ha perdido nada de su valor y de su verdad, esta noción es considerada inadecuada, especialmente cuando se trata de problemas ambientales. Una manera más precisa de ver esta realidad es vernos a nosotras mismas como llamadas a participar en la Creación como miembros de una comunidad de transformación, en lugar de administradores de productos de consumo.

Este punto de vista se encuentra en la encíclica del papa Juan Pablo II Laborem exercens (Septiembre de 1981):

El hombre, creado a imagen de Dios, mediante su trabajo participa en la obra del Creador, y según la medida de sus propias posibilidades, en cierto sentido, continúa desarrollándola y la completa (No 25).

Esta noción de participación continua en la Creación promueve el respeto y debe proteger contra el abuso. Todo lo que ha sido creado está a nuestra disposición para responder a nuestras necesidades y no para satisfacer indiscriminadamente todos nuestros deseos.

Somos conscientes que los seres humanos no siempre han tenido la sabiduría de respetar la naturaleza finita de los recursos naturales del planeta y el patrón de producción. Hemos comenzado a vivir del capital de la naturaleza en lugar de su ganancia. De hecho, estamos reduciendo este capital. Nuestros abusos pueden tener graves y, a veces, desastrosas consecuencias…

¿Y Marguerite Bourgeoys?

En el siglo XVI, ¿qué tan probable pudo haber sido que Marguerite Bourgeoys estaba consciente de dichas consideraciones o preocupaciones ambientales con la integridad de la creación? Muy poco probable. Entonces, ¿por qué debemos insistir en este tema? Porque el primer punto, la manera en que ella observaba la naturaleza, nos lleva a hacerlo. Su relación con la Creación y con su Creador nos puede inspirar y animar a respetar lo que Dios le ha confiado a la protección de los seres humanos. ¿No se convirtió san Francisco de Asís, este admirador de la naturaleza que vivió cinco siglos antes que ella, en el santo patrón de los ecologistas? Él, que escribió el Cántico del Hermano Sol:

Alabado seas, mi Señor, en todas tus criaturas,
especialmente en el señor hermano sol.
Alabado seas, mi Señor, por la hermana luna y las estrellas.
Alabado seas, mi Señor, por el hermano viento, la hermana agua y el hermano fuego.

Alabado seas, mi Señor, por la hermana nuestra madre tierra,
la cual nos sostiene y gobierna y produce diversos frutos
con coloridas flores y hierbas.

Por mucho que admirara la naturaleza y sus riquezas, Francisco vivió en un desprendimiento profundo. Él era conocido como «poverello» o el hombre pobre. Él nos puede mostrar cómo vivir en libertad en medio de nuestra sociedad de consumo.

De la misma manera, la creencia de sencillez de vida de Marguerite Bourgeoys puede ofrecer opciones sobre cómo vivir en nuestra sociedad moderna. Ella habla de una vida no austera, ni en el desierto, sino que una pequeña vida sencilla… Ella nos invita a vivir desprendidas de las pequeñas comodidades que la naturaleza humana busca normalmente. Ella cree que si caemos, debemos hacer grandes esfuerzos por volver a la vida pequeña, ya que consideramos fácilmente necesario lo que nos agrada y es muy difícil quitar a la naturaleza lo que le hemos dado fuera de sus necesidades.

Seguir este camino no significa que estamos libres de las publicidades invasivas cuyo objetivo es crear constantemente necesidades nuevas – generalmente artificiales – y explotar el deseo de tener bienes ilimitados para poder promover el consumismo.

Previamente hablamos del planeta Tierra como el Jardín de Dios. El tema del jardín viene seguido a la pluma de Marguerite Bourgeoys. Ella escribió:

Para todo el cristianismo es un gran jardín creado por Dios y todas las comunidades son muchas parcelas en este gran jardín.

Comparo esta Comunidad a una parcela en un jardín grande, porque todo el cristianismo es como un jardín grande que Dios ha creado y todas las Comunidades son otras tantas parcelas en este jardín grande. La nuestra, tan pequeña como es, no deja de ser una de estas pequeñas parcelas que el Jardinero se ha reservado para poner una cantidad de plantas y flores. Estando en esta pequeña parcela, son todas distintas en color, en olor, en sabor.

Ella ve la Palabra de Dios como una semilla y nos dice:

Cuando el corazón está abierto al sol de la gracia, se ven flores de buen olor que nos hacen ver que hemos aprovechado la palabra de Dios.

Para hablar de la comunión, ella usó el carbón como ejemplo:

Me parece que somos carbones listos para producir fuego y que la Santa Comunión era propia para encendernos. Pero cuando estos carbones están encendidos sólo en la superficie, tan pronto como están separados, se apagan. Al contrario, los que están encendidos hasta el centro, no se apagan, sino que se consumen.

Marguerite se alegraba encontrando comparaciones con la naturaleza: ella comparó la vida de la Santísima Virgen con el agua viva y cristalina que apaga la sed de todos los que se acercan. Ella mencionó a un copo de nieve que cae en forma de estrella.

Marguerite Bourgeoys también nos enseña otra manera que nos lleva a respetar la Creación: la visión contemplativa que ella tuvo del universo. Para nuestra santa, la naturaleza habla de su Creador. Al contemplar la Creación de Dios su espíritu era uno con su Creador. Ella escribió:

Todas las criaturas, ángeles, hombres, bestias, seres inanimados, dirán, en su lenguaje: 'No nos hemos hecho nosotros, Dios nos dio el ser'. El sol proclama esta verdad que, si su Creador no lo sostuviera, volvería a la nada. La piedra dice que de Dios le viene su fuerza y su dureza. Las criaturas las más pequeñas repiten la misma cosa, en un lenguaje mudo para los hombres, pero oído por su Creador.

Con el autor de los salmos ella sin duda afirmaría:

Los cielos cuentan la gloria del Señor,
proclama el firmamento la obra de sus manos.
Un día al siguiente le pasa el mensaje
y una noche a la otra se lo hace saber. (Salmo 19)

Puede que no sea evidente para todos que la naturaleza canta la gloria de Dios. Sin embargo, una mirada contemplativa hacia la Creación ayudará a los creyentes y no creyentes a ser más conscientes de la obligación de respetar al planeta Tierra, que está en peligro debido a la acción humana.

Marguerite Bourgeoys y su relación con las demás personas

El respeto por la Creación no solo concierne el respeto por el planeta Tierra. El papa Francisco nos lo recuerda en su homilía del 19 de marzo:

Es custodiar toda la creación, la belleza de la creación, como se nos dice en el libro del Génesis y como nos muestra san Francisco de Asís: es tener respeto por todas las criaturas de Dios y por el entorno en el que vivimos.

San Francisco invita a una comunión donde todas las criaturas son objeto de un mismo amor, cada una según su orden…

Por lo tanto, el respeto por la Creación, el respeto por todas las criaturas también incluye el respeto por los seres humanos, por todos nuestros hermanos y hermanas en la humanidad.

Sobre este tema, Marguerite Bourgeoys nos dice:

Somos creados y puestos en el mundo para amar y glorificar a Dios. Dios quiere ser amado en espíritu y verdad. Ella también comprendió que el mandamiento del amor también incluye el amor hacia las demás personas. En su opinión, amar a sus hermanos y hermanas significaba:

No hagas al prójimo lo que no quieres que te hagan a ti.

Ella continuó diciendo:

Dios no se conforma con que conservemos el amor que debemos al prójimo, sino que conservemos al prójimo en el amor que debe tener para con nosotros.

Hacia el final de su vida, ella confesó:

Es verdad que todo lo que más he deseado siempre y que sigo deseando más ardientemente, es que el gran precepto del amor a Dios por encima de todas las cosas y al prójimo como a sí mismo sea grabado en todos los corazones.

Marguerite realmente creía en la dignidad humana y en la misma dignidad para todas las personas. Cada persona es amada por Dios; por cada persona Jesús derramó su sangre. Cuando enviaba a sus hermanas «en misión», ella les hablaba en el lenguaje de su tiempo:

El respeto por la Creación, el respeto por todas las criaturas también incluye el respeto por los seres humanos, por todos nuestros hermanos y hermanas en la humanidad.

Considera, querida, que al ir en misión, vas a recoger las gotas de sangre de Jesucristo que se pierden.

Inspirada por esta convicción, sus acciones fueron sin distinción de personas. Fácilmente podría haber hecho suyas las palabras de San Pablo a los Gálatas:

Ustedes están en Cristo Jesús, y todos son hijos de Dios gracias a la fe. Todos se han revestido de Cristo, pues todos fueron entregados a Cristo por el bautismo. Ya no hay diferencia entre judío y griego, entre esclavo y hombre libre; no se hace diferencia entre hombre y mujer, pues todos ustedes son uno solo en Cristo Jesús. (Gál 3:26-28)

Un pasaje en sus Escritos hace eco de las palabras del Apóstol. Ella habla sobre la enseñanza, la que ve como un trabajo para atraer las gracias de Dios:

La [enseñanza] es la obra [más] propia para atraer la gracia de Dios si se hace con pureza de intención, y sin distinción entre pobres y ricos, parientes, amigos o personas extranjeras, los bonitos o feos, dóciles o rebeldes, considerándoles todos como las gotas de la sangre de Nuestro Señor.

Ella también quiso imitar a la Santísima Virgen recibiendo con el mismo amor a reyes y pastores [en Belén].

Cuando ella seleccionaba las candidatas para la vida religiosa en su Congregación, ella decía:

Yo observo que algunas hermanas hacen más caso a una mujer de condición que a una que tendría más virtud.

La dote no era necesaria para la admisión:

Cuando las jóvenes son verdaderamente llamadas y conformes a la Comunidad, ya tienen su dote y traen con ellas las gracias de Dios sobre la casa.

En sus Escritos encontramos que una de las preocupaciones era la igualdad entre las hermanas:

Todas las mujeres que vivan ahí deben ser iguales, de modo que la Superiora, después de su dimisión, pueda ser empleada en cualquier oficio de la casa según su capacidad.

Marguerite deseaba que, en su Congregación, la Superiora no fuera demasiado reservada a la hora de informar a las hermanas sobre la Comunidad y que estuviera muy cerca de sus asistentes. Por lo tanto, debería informar, dialogar y no gobernar sola.

En un análisis de la letra de Marguerite Bourgeoys, un grafólogo experto reconoció una gran consideración por las opiniones de los demás y una total apertura al diálogo.

Ella también explicó: Lo que es esencial es visto, dicho y ejecutado. Sin embargo, la participación y la libertad de cada persona se respetan plenamente. La convicción es un celo contagioso, no es ni autoritarismo ni presión.

Con relación al liderazgo Marguerite escribió:

La Superiora debe hacer de común acuerdo todas las cosas generales [con todas las hermanas].

La tradición informa que, desde el comienzo de la congregación, las hermanas se reunían cada mes «en el Capítulo» para discutir temas de interés común (todas las cosas generales).

Marguerite Bourgeoys y el Creador de todas las cosas

Esto concluye la sección sobre la relación de Marguerite con el prójimo. Ella también entendió que el verdadero respeto por la Creación no estaba separado de su Creador.

Lo que realmente deseaba era el amor de la unión con Dios. Aquí nuevamente, para describir esta unión, invocó un elemento de la naturaleza, el aceite en la lámpara del santuario: si el aceite está bien purificado, tan pronto como se enciende, el fuego que la hace alumbrar, consume el aceite hasta la última gota. Si el Espíritu Santo encuentra nuestra alma preparada, la incendia y crea un amor de unión con Dios. En una oración para ella y sus hermanas, ella le pidió: "Señor y misericordioso Salvador:

Que no tengamos nunca otra satisfacción que vivir en Ti y contigo.

Como se mencionó anteriormente, ella nos dice: Somos creados y puestos en el mundo para amar y glorificar a Dios. Ella realmente vivió de este amor de su Creador. Este resplandor no pasó desapercibido. Cuando la Superiora de la Congregación, la hermana Marguerite Lemoyne, anunció la muerte de Marguerite, ella dijo:

Ella murió, mis queridas hermanas, como vivió, amando a Dios con todo su corazón y manifestando un ardiente deseo de estar con su Creador.

La relación entre cada una de nosotras y la Creación

En su homilía ya mencionada del 19 de marzo de 2013, el papa Francisco nos recuerda:

Hombres y mujeres de buena voluntad: seamos «custodios» de la creación, del designio de Dios inscrito en la naturaleza, guardianes del otro, del medio ambiente.

La vida de Marguerite habla el mismo idioma; nos invita, me parece, a crear vínculos nuevos con la naturaleza, con nuestros hermanos y hermanas, y con Dios.

Oración

Señor, a veces sucede
Que no respeto la naturaleza
Destruyo una planta,
Causo daño sin una buena razón,
Boto la basura
En el bosque o al lado de la carretera.
Enséñame
A vivir en armonía con la tierra.

A veces sucede
Que no respeto a mi prójimo.
Me burlo de él,
E incluso lo rechazo.
Lo miro y lo trato con superioridad.
Enséñame
A vivir en armonía con mi prójimo.

Y finalmente, a veces sucede
Que no te respeto.
Actúo como si no existieras,
Te uso para mi propio interés personal.
Enséñame
A vivir en armonía contigo.

Amén.

 

Traducido del francés de Réflexions et prières pour les jours du Carême de Jules Beaulac. 1995, Novalis, Canadá p. 7

Nota explicativa:

Durante un retiro al que asistió una hermana de la Congregación de Notre-Dame, el predicador, un sacerdote carmelita describió la naturaleza santa de San Juan de la Cruz como se identifica en un estudio realizado por un experto en escritura a mano. De ahí surgió la idea de emprender el mismo tipo de estudio en la letra de Marguerite Bourgeoys. La Sra. A. J. Roque realizó el análisis de doce documentos autografiados que abarcaban cuarenta y cuatro años (1651 - 1695).

Referencias:

http://www.nmspacemuseum.org/halloffame/detail.php?id=45

https://w2.vatican.va/content/francesco/en/homilies/2013/documents/papa-francesco_20130319_omelia-inizio-pontificato.html

http://w2.vatican.va/content/john-paul-ii/en/encyclicals/documents/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html

Artículo publicado por A. J. Roque, Directora, International Psycho-Service, Paris. Revue d'histoire de l'Amérique française, Vol. XX, no. 1, 1965. pp. 75 – 107

Planète vie, planète mort, à l'heure des choix. Bajo la dirección del obispo Marc Stenger. Les éditions du cerf, 2005, pp. 263 – 264

Los Escritos de la Madre Bourgeoys


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